Y desde la acera alguien me mira y siente compasión de mí, luego sonríe, saluda lento, agacha la cabeza y reinicia su viaje a ningún lugar, rodeado de nadie y con cara de decepción. No le gustó recordar lo que sucedió cuando intentaba frenar el mundo con sus gritos de libertad. Y no quiso ver como el nuevo sonido de los coches me atropellaba antes de llegar a la muda acera, que me arrastra gris, sin colores ni emoción. ¿Cuántos han intentado parar esta rueda que solo acelera y luego han desistido? ¿Desistiré yo?
Cansados de recibir golpes, nos acoplamos a los movimientos de las personas, el sol, las bicis… y las ruedas.Y no hay sonidos, porque nadie compone nada basándome en este ritmo.
Se escuchan murmullos de poetas solitarios y se oyen las gastadas palabras de gastados políticos. Dedicadas a los que van a los parques a ver como las flores se escapan de tanta estrella y tanto control.
Por ahora consideraré banda sonora todo lo que colorea esta ciudad. Y si la sociedad se empeña en ahorrar y vestir de gris, pues esperemos que no se nos gaste la ropa al lavarla. Seré feliz con los que se apasionan cuando se desvisten de indiferencia y se abrigan de nuevas ideas para pasear a mi lado.
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